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Según las últimas investigaciones los compuestos presentes en la leche de coco tendrían un efecto inhibitorio sobre el crecimiento de células cancerosas, aunque se debe tener en cuenta que si se padece la enfermedad solo el especialista puede definir su inclusión en la dieta, así como de cualquier otro alimento o suplemento por más natural que sea.
La leche de coco se hace rallando y exprimiendo la pulpa de los cocos maduros de los árboles de palma, a la que se debe agregar agua en caso de ser muy espesa, aunque muchos prefieren esta consistencia para conservar la mayor cantidad de nutrientes. La leche de coco es rica en un tipo especial de grasa saturada conformada por ácidos grasos de media cadena, los cuales se procesan de forma diferente que las grasas saturadas de productos animales.
A diferencia de las grasas saturadas de los productos lácteos y la carne, los ácidos grasos de media cadena son absorbidos rápidamente por su cuerpo y se utiliza para producir energía, en lugar de almacenarse en el tejido adiposo para su uso posterior, como sucede con las grasas saturadas de origen animal.
Además de estimular el metabolismo, la leche de coco ayuda a equilibrar los niveles de azúcar en la sangre evitando picos de insulina, es un laxante suave y natural, contiene ácidos grasos tales como; láurico, cáprico y caprílico, los cuales presentan propiedades anti fúngicas, antibacterianas y antivirales, por lo tanto pueden aumentar la función inmune.
Además, la leche de coco contiene cinetina ribósido, un compuesto que ha demostrado ser efectivo para inhibir el crecimiento de las células cancerígenas.


