Tradicionalmente la uña de gato se empleaba como remedio casero contra infecciones del tipo gripe o resfriado y como medicina contra los dolores articulares. De manera general, los indígenas peruanos la utilizaban como medicina contra enfermedades infecciosas y degenerativas.
Las investigaciones realizadas posteriormente demostraron los beneficios de la uña de gato como estimulante del sistema inmunológico a nivel general, y más en particular en lo referente a la lucha contra enfermedades víricas, desde gripe hasta herpes. Por ello se estudia en la actualidad la conveniencia de suministrar esta planta como coadyuvante en el tratamiento de los enfermos de VIH.
También se investigan las propiedades antitumorales de esta planta. En este punto parece probada su acción preventiva frente a tumores, en gran parte debida a su contenido en antioxidantes, y los beneficios aportados en los pacientes sometidos a quimioterapia al incrementar las defensas de su organismo. Pero no existen pruebas que avalen la remisión de los tumores una vez desarrollados con sólo el tratamiento con uña de gato.
Las propiedades de la uña de gato como antiinflamatorio natural han sido también probadas, y con ellas su efectividad en procesos reumáticos y artríticos. Esto, unido a su doble acción antioxidante y antienvejecimiento, le confiere la capacidad de prevenir de manera eficaz la artrosis.
Uno de sus principios activos, la rincofilina, disminuye la agregación plaquetaria, previniendo trombos y otras enfermedades cardiovasculares.
Deben tener precaución con esta planta las personas con problemas de coagulación y las embarazadas, pues además de fluidificar la sangre, estimula las contracciones uterinas.